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3/14/2013

¿Dostoyevski o Eurovegas?


  Scommette, perde.
  Giacomo Casanova

  Dostoyevski dictó El jugador en un mes a la secretaria de su editor para saldar con éste una deuda. Dostoyevski era jugador; ludópata, diría un psiquiatra. Utilizó su propia experiencia para contar esa historia, donde más que de disquisiciones en torno al azar, se nos habla de la voluptuosidad de la incertidumbre vivida por el jugador mientras aún desconoce si ha ganado o ha perdido, que alcanza el éxtasis cuando la mano se decanta a su favor y se convierte en tristeza cuando ocurre al contrario, y que desciende luego, al proseguir jugando sin freno, a otro éxtasis, el de la culpa más flageladora.
  Es probable que Dostoyevski se excediera irresponsablemente en sus pasiones, pero también que atendiese con singular acierto a su acendrada vocación de místico y psicólogo. Comoquiera, sus cartas fueron, a la vez, excelentes y amargas. Cabe pensar que las de todos lo son, y que Dostoyevski las jugó a su modo, como cada uno al suyo. El juego es ineludible. Incluso quien se deja guiar por otro en el juego está jugando a su modo.


Publicado en el nº 13 del Fanzine Fare Ala


12/17/2012

Mirando al suelo, de Franki Béjar



  Sería de agradecer y celebrar que Mirando al suelo, de Francisco Béjar Galera, se abriese camino entre los lectores. Personalmente, me ha alegrado mucho descubrir esta novela negra.
  Tiago y el Alergias, amigos inseparables y a veces indiscernibles que deambulan por Murcia traficando con cocaína, viven su ajetreada existencia rodeados de basura lo más honradamente posible, pero el curso de sus negocios los envuelve, entre otras peripecias, en el oscuro episodio protagonizado por un postmoderno Consejero regional de Cultura apalizado en misteriosas circunstancias. Mediante esta ficción anclada en lo real, Franki Béjar plantea una crítica social y política desde la perspectiva del materialismo filosófico y la lucha de clases, pintando con soltura, acierto, coraje y poesía paisaje y paisanaje. Dice Franki que el Carvalho de Vázquez Montalbán es una de sus influencias. Leopoldo Mª Panero y L. F. Cèline son otros autores a los que apunta. En mi opinión, cabe pensar que también La fea burguesía de Miguel Espinosa ilumina su análisis. Sin embargo, la novela no se pierde en literaturas, sino que indaga y experimenta la sensualidad de lo físico con acción, en su misma verbalidad, apegada al mundo que describe sin eludir su carácter barroco. Cuenta historias de barrio, de bares, de la huerta, de amores perros y de personajes entrecruzados con marcado sentido del humor, suscitando pasmo, ternura o rechazo y poniendo de relieve las injusticias, las contradicciones y los disparates de una sociedad desventuradamente sometida al corrompimiento y el poder.




9/28/2012

Presentación de El laberinto del Albayzín


 
   El próximo Martes, 2 de Octubre, a las 20 h., en el Museo Ramón Gaya de Murcia (Plaza de Santa Catalina, s/n).

  Me acompañarán el filósofo Francisco Jarauta y el pintor Miguel Fructuoso.

  http://www.libertarias.com/index.php?menu=3&op=7&tit=550
  http://www.museoramongaya.es/

8/19/2012

La otra parte, de Alfred Kubin


  Como señala Paco Jarauta en el prólogo a la presente edición, esta novela es “el sueño de un mago poderoso”. Alfred Kubin, nacido en Bohemia en 1877, pintor y dibujante cuya obra gráfica había alcanzado reconocimiento en los círculos expresionistas de la época, -destacándose por sus ilustraciones para los libros de Nerval o Strindberg, entre otros-, sufre una honda crisis depresiva a la muerte de su padre y, tras emprender un viaje a Italia que no logra reconciliarlo con su trabajo, “para buscar alivio”, según cuenta en su Autobiografía, comienza “a imaginar una historia fantástica y a anotar su trama”. Pero las ideas se agolpan en su cabeza, obligándole día y noche a escribir, de forma que en doce semanas concluye la redacción de La otra parte.
  El protagonista del relato, un joven artista cuyo nombre no llegamos a conocer, recibe de Claus Patera, antiguo camarada escolar, una extraña invitación para acudir con su esposa a un misterioso lugar situado en un punto impreciso del continente asiático, el cual constituye el “refugio para los descontentos con la cultura moderna”. A la invitación, Patera acompaña una cuantiosa suma de dinero, de manera que el matrimonio no tarda en decidirse y aceptar. A partir de ahí, asistimos al relato vívido y minucioso del descubrimiento del Reino de los Sueños, y de Perla, su capital, ciudadela donde Patera ha invertido su inmensa fortuna, reconstruyéndola siguiendo un plan rígido y peculiar: a base de viejas edificaciones y antigüedades traídas de todo el orbe, guiado por “una profunda aversión (...) contra todo lo que guarde relación con cualquier forma de progreso”. Los escogidos habitantes de tan extravagante país, invariablemente marcados por alguna tara o rareza, viven bajo el influjo de un poderoso hechizo, en un mundo donde sólo la ilusión es real, ajenos al exterior y sometidos a los inescrutables designios de El Amo. La utopía está lejos de resultar halagüeña. El joven dibujante innominado da cuenta con pavor del desquiciamiento creciente que reina en Perla, y de cómo él mismo se ve envuelto, atrapado por su locura. La vorágine de episodios infernales se precipita en un apocalipsis de destrucción y muerte. El narrador, como Dante, no puede más que describir el derrumbe con prodigiosa plasticidad, tratando de rescatar la poesía del miserable abandono y lo incomprensible hasta que, finalmente, el Reino de los Sueños es aniquilado.
  La otra parte es el desmoronamiento de una ilusión y una indagación en el vacío, en lo desconocido, en lo que ni siquiera tiene nombre. Kubin la escribió empujado por un arrebato de creatividad que escapaba a su total comprensión. Cruzó esa línea para arrojar sobre su época una luz que tal vez sólo ahora comprendemos.

[Alfred Kubin, La otra parte. Traducida por Juan José del Solar, Ed. Minotauro, 2003.]

8/01/2012

La escuela del buen oír, de Elias Canetti




  Auto de fe. Esta es la historia de un hombre-libro. Peter Kien, “el mayor sinólogo vivo”, pasa los días traduciendo y reconstruyendo manuscritos orientales, obnubilado por los 25000 volúmenes de su biblioteca. La vida social se le antoja una pérdida de tiempo; los hombres sólo le inspiran desprecio. Kien vive para la Ciencia. Pese a todo, Teresa, su ama de llaves, conquista su confianza y Kien se casa con ella, accediendo al mundo burgués. Sin embargo, su rígida razón le impide desenvolverse en esa nueva vida llena de ambigüedades. Su trabajo queda reducido al mínimo, y su soledad se puebla de personajes extraños. Pero Kien será incapaz de comunicarse con ellos, será incapaz incluso de advertir esa imposibilidad, de forma que las circunstancias lo arrastrarán a una espiral de malentendidos sin retorno. Auto de fe huye de toda complacencia, es un libro desgarrador, incómodo. Arroja luz a un mundo desintegrado a través de un personaje desintegrado. Arremete contra los excesos de la razón abstracta y de la ciencia, que fracasan en su intento de ordenar el mundo, ajenas a lo que el mundo en verdad es. Pero también denuncia ese mundo dominado por la inercia de las masas, cuyo resultado es la degradación del lenguaje y donde, por tanto, la persona singular está indefensa.

  Las voces de Marrakesch. A partir de una serie de estampas que evocan un viaje realizado en 1954, Canetti describe la vida en esta ciudad marroquí. Antes de su estancia, el autor descartó la posibilidad de aprender árabe o bereber. “Quería que los sonidos me llegaran tal y como eran, sin debilitarlos con ningún conocimiento artificioso e insuficiente”. El resultado es un cuaderno de recuerdos que en efecto logra transmitir toda la sensualidad de esa música, en el que la curiosidad y la fascinación del viajero se ven espoleadas de continuo. La mirada del occidental se posa sobre ese paisaje desconocido y sus gentes ávida, inocente, aunque en ocasiones le cueste comprender y constate asombrado que lo único exótico e inexplicable allí es él.

  El testigo oidor. Este curioso juego literario se sitúa entre la sátira moral y el análisis psicológico. Canetti se inventa cincuenta caracteres distintos, todos ellos exagerados, y los retrata con marcado humor. Un amplio catálogo de vicios es sometido a escrutinio en estas páginas, que suscitan una continua sonrisa y donde el lector reconocerá puntuales reflejos de la vida cotidiana, incluso de sí mismo. El testigo oidor sugiere el conocimiento de la realidad mediante ficciones desmesuradas. Así, la realidad aparece como un grotesco desfile de flaquezas humanas que sólo puede sobrellevarse desde una ironía sin fisuras.



[Elias Canetti. Obras completas, III. La escuela del buen oír.
Traducción de Juan José del Solar.
Ed. Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores, 2003.]